Los que hoy detentan el gobierno deciden dejarnos sin nada,
pero nada enserio. Las deudas tomadas dejarán en el hambre y la miseria al 80 o
90 por ciento de quienes habitan este suelo, y decimos esos porcentajes porque
no contemplamos a quienes tienen resuelta su situación por mucho.
Lo que vemos es la tristeza leve, el enojo de muchos, la
sensación de presión que corre en todos los ámbitos y de frente el abismo que,
cada día, es más hondo.
Como haríamos para poder ponerle una pizca de esperanza a
estos días, cómo hacer para no caer en la amargura cruel de estos tiempos, de
estos seres (no me da para decirle humanos) chirriantes y generadores de
dolores. Esos que nos endeudan y entierran, en lodo pesado de deuda, hasta los
hombros.
No tenemos, de frente, más opción que la organización y la
lucha. La batalla está cantada, es política y por tanto cultural. No podemos
detenernos en la disquisición de hasta donde uno hasta donde lo otro, porque
todo es así, se entrelaza lo uno compone a lo otro, debemos darla desde el
pensamiento, debemos darla desde la acción.
Pero cuidado, no se trata de darla en células mínimas de
tres amigues que se juntan y hacen algo, se trata de masivizar la necesidad de
enfrentarse a este modelo social horrendo que nos propone este sistema
neocolonial donde un presidente, que apenas articula, y sus amigues que sólo
piensan en embolsarse la vida de todes.
No es una lucha sectorizada, es general, lo abarca todo, no
hay rincón que se salve de esta necesidad profunda, porque la miseria no ataca
sectorizada, la miseria cunde, el hambre se extiende y el despojo no para.
Este texto está bien lejos de ser desesperanzado y más aún
de mostrar resignación. Es un texto pleno de urgencias y necesidad de hacer,
pero de un hacer conjunto. De ese hacer organizado de las bases.
Podemos entrar a discutir variables, pero no podemos negar
lo que ocurre, eso que realmente pasa. No tendría sentido, nos roba tiempo, un
tiempo que como pueblo no tenemos.
Nadie aquí se pondrá a hacer diagnosis, todes sabemos lo que
ocurre o, mejor dicho, lo que hacen que ocurra. Todos vemos los despojos, los
girones de soberanía política y cultural que van quedando tras la voracidad
destrozona y descontrolada d quienes sirven al país como canapé a los buitres y
caranchos.
Es entonces urgente seguir armando redes que nos ayuden a
enfrentar esta terrible situación, estos tiempos que, a fuerza de robar toda
esperanza, vienen como tsunamis a los que debemos enfrentar, solos no
triunfaremos, porque somos más fáciles de arrasar, pero en bloque nadie nos
podrá, será tal vez una nueva gesta histórica esta de liberarnos de las cadenas
que nos ponen los que nos entregan y volver a construir una Patria Justa y por
sobre todo Libre y Soberana.

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